Comprender de dónde vienen los alimentos y qué ocurre antes de que lleguen a la mesa puede convertirse en una experiencia valiosa para los escolares. Acercarlos a la agricultura implica permitirles observar las condiciones del suelo, registrar el comportamiento del clima, conocer el uso racional del agua y explorar qué sucede después de la cosecha. De esta manera, la actividad agrícola se convierte en una oportunidad para comprender cómo intervienen distintos factores en la producción de alimentos.
Una forma de llevar este aprendizaje a la práctica es acercar a los estudiantes al campo y convertir los cultivos en una fuente de información. Un ejemplo de esta propuesta de generación de alimentos orgánicos se desarrolla en el Colegio de la Inmaculada Jesuitas, donde los escolares participan en el proyecto Huertos de la Inmaculada, una iniciativa que los aproxima a distintas etapas de la cadena de producción, desde la siembra hasta la transformación y comercialización.
A través del proyecto, los estudiantes trabajan en las áreas agrícolas, reconocen los diferentes sistemas de riego, observan las características del suelo y registran variables ambientales. Entre las especies que estudian se encuentra el olivo, junto con otros productos que forman parte de las actividades agrícolas.
Además, la experiencia incorpora un componente que puede trasladarse a otros espacios educativos al convertir la observación del cultivo en información para el análisis. Los estudiantes registran datos, elaboran gráficos e interpretan resultados para identificar posibles relaciones entre las condiciones ambientales y el desarrollo de las plantas.
“Una experiencia de este tipo permite que los estudiantes comprendan que la producción de alimentos involucra distintos conocimientos y decisiones. Al observar las plantas, recoger información y analizar lo que ocurre, pueden relacionar aprendizajes de distintas áreas con situaciones concretas y entender que factores como el agua, el suelo o el clima tienen un impacto en los resultados”, explica Max Carbajal, asesor de Ciencia y Tecnología del Colegio de la Inmaculada Jesuitas.
Una vez que los estudiantes conocen cómo se desarrolla la producción agrícola, pueden seguir su recorrido hasta convertirse en un producto destinado al consumidor. En esta experiencia, los menores participan en la elaboración y comercialización de productos como aceitunas, miel, higos, limón, palta y mermeladas. El proceso les permite comprender que, entre una materia prima y el producto final, intervienen diversas decisiones y etapas relacionadas con la transformación, organización y planificación, que culminan con la comercialización.
¿Cómo acercar a niños y adolescentes a la agricultura?
A partir de experiencias de este tipo, Carbajal plantea que el acercamiento de los escolares a la actividad agrícola puede desarrollarse incluso en espacios pequeños y no requiere necesariamente contar con grandes extensiones de terreno. En ese sentido, el especialista recomienda:
- Empezar con un cultivo y hacer seguimiento. En lugar de limitarse a sembrar y cosechar, pueden registrar periódicamente el crecimiento de una planta, observar cambios y relacionarlos con variables como temperatura, disponibilidad de agua o características del suelo.
- Convertir el cultivo en una fuente de datos. Medir, registrar y comparar permite comprender que la agricultura también requiere información para la toma de decisiones. Incluso variables sencillas pueden convertirse en oportunidades de análisis y contribuir a interpretar el comportamiento y desarrollo de las plantas.
- Mostrar qué ocurre después de la cosecha. Conocer la transformación y comercialización de los productos ayuda a entender que la agricultura forma parte de una cadena de valor y que una materia prima puede adquirir nuevas características antes de llegar al consumidor.
- Incorporar la toma de decisiones. Más que entregar respuestas, la experiencia puede partir de situaciones que inviten a analizar qué ocurre cuando cambia alguna condición, como la disponibilidad de agua o la temperatura, y decidir cómo actuar. Esto permite entender la agricultura como una actividad integral.
