Cada 3 de septiembre, desde 2021, conmemoramos el Día Nacional del Tarwi para fortalecer la cadena productiva de este cultivo andino, fruto del esfuerzo de 30 000 familias. Además, se busca revalorarlo como un superalimento clave para la seguridad alimentaria y los sistemas de producción agrícola.
Planta domesticada hace 1500 años
En el Perú, se estima que el tarwi o chocho (Lupinus mutabilis), fue domesticado hace 1500 años, como se evidencia a través de ceramios, textiles y pinturas estilizadas en vasos ceremoniales de la cultura Tiahuanaco (500-1000 d.C), así como en semillas halladas en las tumbas de la cultura Nasca (100-500 a.C).
En el Perú prehispánico los pobladores tomaban en ayunas la decocción de los granos del tarwi para eliminar parásitos, en virtud a su alto contenido de alcaloides, costumbre que aún se practica en algunas poblaciones andinas, productoras del grano.

Cadena productiva
El tarwi tiene importancia socioeconómica y ambiental, siendo desarrollada principalmente por pequeños productores. Es importante destacar que el cultivo es desarrollado a través de la agricultura familiar, la cual representa el 97 % de unidades agropecuarias de un total de 2.2 millones de unidades agropecuarias; del mismo modo, más del 83 % de los trabajadores agrícolas realizan agricultura familiar y es la base de la seguridad alimentaria de la población, tanto urbana como rural.
Según el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri), en el Perú más de 30 000 familias de agricultores generan sus ingresos con el cultivo de tarwi. En el año 2021, cosecharon 11 000 hectáreas, de las que se obtuvieron 15 000 toneladas; siendo las regiones de mayor producción: La Libertad, Cusco y Puno.
También se produce en las regiones como Áncash, Cajamarca, Cusco, Huánuco, Junín y Puno; en zonas ubicadas entre los 2000 y 3800 metros sobre el nivel del mar.
Alimento ancestral
Entre las propiedades nutricionales del tarwi, resaltan su aporte entre 41 a 51 % de proteínas, 28.2 % de carbohidratos, 7.1% de fibra, 15 % de calcio y 10 % de hierro. También rico en aceites esenciales.
Además, posee péptidos contribuyen a reducir el riesgo de ciertas enfermedades crónicas, como la diabetes, hipertensión, entre otras.
Actualmente, los péptidos más conocidos son los obtenidos a partir de proteínas de la leche, sin embargo, las proteínas de origen vegetal, como las del tarwi, resultan en una fuente interesante para la obtención de los mismos.

Esta leguminosa tiene un alto contenido de triptófano, un aminoácido esencial para el buen funcionamiento de la glándula pineal que segrega melatonina, una hormona cerebral importante para generar la sensación de bienestar y dormir adecuadamente.
En el libro “Alimentos del Perú: Propiedades nutritivas y farmacológicas”, el Dr. Elmo León Canales, destaca al tarwi como un gran alimento funcional, que posee múltiples componentes bioactivos como lupanina, fenoles, taninos, saponinas y alcaloides. La lupanina tiene propiedades de regular el colesterol, efectos antibacterianos, antiarrítmicas e hipotensoras, además contiene alcaloides con efectos analgésico, antiinflamatorio y antiulceroso.
Aliado de la agricultura
La semilla del tarwi es reconocida por ser un excelente abono natural para preservar la fertilidad de los terrenos agrícolas, y también por su adaptación y tolerancia a suelos pobres, afectados por sequías y heladas.
Desde una perspectiva ambiental, el tarwi y sus parientes silvestres se proyectan como recursos fundamentales para mejorar la fertilidad de los suelos. Su capacidad de fijar el nitrógeno atmosférico no solo beneficia la producción agrícola, sino que también contribuye a reducir la proliferación de plagas, gracias a su contenido de alcaloides, según estudios como los de Blanco en 1991. La reintroducción del cultivo de tarwi en la rotación de cultivos andinos fortalece los sistemas de producción orgánica o ecológica, promoviendo la sostenibilidad.

Conservación de piezas museológicas
Entre los metabolitos secundarios presentes en el tarwi destacan compuestos llamados alcaloides que sirven de protección frente a insectos y agentes patológicos. Estos compuestos, que se encuentran presentes en los extractos y efluentes, podrían utilizarse como repelentes sostenibles, baratos y no tóxicos para preservar las piezas que se exhiben en los museos.
Así lo indica una investigación de la Universidad de Ingeniería y Tecnología (UTEC) que ha preparado extractos con agentes activos del tarwi que se incorporarán en soportes poliméricos con el objetivo de crear películas protectoras que permitan proteger las piezas almacenadas en museos del ataque de plagas, sin afectar la estructura física interna ni los colores de los objetos.
Datos
- El tarwi posee alcaloides que le confieren un sabor amargo, por lo que antes de consumirlo debe pasar el proceso de desamargado. Recomiendan remojar los granos en agua por aproximadamente 2 horas para que se ablanden. Seguidamente, debes cocinarlos en diversas aguas para así eliminar el sabor amargo que lo caracteriza.
- La fecha se instauró a través de la Resolución Ministerial n.° 0104-2021-Midagri, publicada el 22 de abril del 2021 en el diario oficial El Peruano.
