En los Andes peruanos, donde el viento corta la piel y los pastos son escasos, la crianza de llamas emerge como una opción económica viable frente a la tradicional crianza de alpacas. Su resistencia a condiciones extremas y su alto rendimiento cárnico están llevando a algunos criadores de camélidos domésticos a reconsiderar su enfoque productivo.
Una ventaja competitiva en la puna seca
En un entorno donde la vegetación es escasa y pobres en nutrientes y las temperaturas extremas, la rusticidad de la llama se convierte en su principal fortaleza. A diferencia de la alpaca, que requiere forraje de mejor calidad, la llama puede alimentarse de vegetación fibrosa y convertirla en proteína animal de manera eficiente. “La llama es un recurso estratégico en la puna seca, donde mayormente crecen diversidad de pastos lignificados como el ichu, una gramínea que solo ella puede consumir y transformar en carne de alta calidad”, explica el médico veterinario y zootecnista Amador Quispe Aragón, reconocido criador de alpacas y llamas en Macusani, Carabaya (Puno), y presidente de SPAR Macusani.

Su resistencia a enfermedades neonatales y su alta tasa de supervivencia cercana al 100 %, la convierten en una opción atractiva para los ganaderos.
Rentabilidad
Desde el punto de vista económico, en cuanto a producción de carne, la crianza de llama es considerablemente más rentable que la de la alpaca. Mientras que una alpaca de un año de edad se cotiza entre 200 y 250 soles por cabeza, el precio de una llama de la misma edad oscila entre 300 y 350 soles.
En términos de rendimiento, dependiendo del tipo de llama, un ejemplar de cinco a seis años puede alcanzar una carcasa de 45 kilogramos, superando a la alpaca. En condiciones naturales de pastoreo, una llama de dos años y medio puede superar los 75 kilogramos en peso vivo y producir 40 kilogramos de carne, mientras que una alpaca de la misma edad solo alcanza 50 kilos de peso vivo y 26 kilos de carne. En términos porcentuales, la llama tiene un rendimiento aproximado de 53 % de carcasa en relación a su peso vivo.
Dependiendo del sexo y la alimentación, las llamas K´ara ganan más peso en comparación con el tipo Chaku.
“En cuanto al costo, la carne de llama y alpaca no presenta diferencias significativas, con un precio de 13 a 14 soles por kilogramo. Sin embargo, la llama ofrece un mayor rendimiento cárnico, lo que la hace más rentable que la alpaca. Además, al tratarse de una crianza rústica, los gastos en tratamientos sanitarios y suplementos vitamínicos no es significativo, lo que incrementa su rentabilidad para el ganadero”, precisa el especialista.

Una carne saludable
La carne de llama no solo ofrece mayor rentabilidad, sino también un alto valor nutricional. Su contenido proteico alcanza el 24.3 % y 0.5 a 3.3 % de grasa, valores que la posicionan por encima de la alpaca (22.7 % de proteína y 2.1 % de grasa); el ovino (18.8 % de proteína y 8.5 % de grasa) y el vacuno (22.4 % de proteína y 1.3 % de grasa).
Gracias a su bajo contenido de colesterol y fácil metabolización, la carne de llama es una opción saludable para personas con problemas de obesidad, hipertensión o colesterol elevado.

Demanda limitada y desafíos en el mercado
A pesar de sus beneficios, la carne de llama aún no logra consolidarse en el mercado peruano. Su comercialización sigue siendo limitada y, en muchos casos, se vende como carne de alpaca debido a la falta de diferenciación y promoción. Sin una estrategia de promoción clara, el consumo de carne de llama sigue circunscrito a zonas altoandinas, centros mineros, la ceja de selva y selva puñena, mientras que su incursión en la gastronomía nacional aún es incipiente.
En Bolivia, la carne de llama es considerada un alimento emblemático con potajes tradicionales como el charquikán, mientras que en el Perú su consumo se restringe a platos familiares como el olluquito con charqui de alpaca o llama o el chicharrón de llama en zonas donde se produce la carne de este camélido. Aunque en la provincia puneña de Carabaya se consume la carne de llama en similar proporción a la de alpaca.
Expertos del sector esperan que la alta cocina peruana, con exponentes como Gastón Acurio y Virgilio Martínez, impulsen la revalorización de la carne de llama en la gastronomía nacional, con proyección al mercado mundial, al igual como ocurrió con la quinua y las papas nativas.
Abandono estatal y el declive de la fibra de llama
Uno de los mayores obstáculos para el crecimiento del sector es la falta de apoyo estatal. No existen programas gubernamentales sólidos para fomentar su consumo o comercialización, y los criadores han tenido que adaptarse por cuenta propia a las condiciones climáticas cada vez más adversas.
A pesar de sus beneficios económicos y nutricionales, la crianza de llamas aún enfrenta desafíos significativos. No existen iniciativas gubernamentales de envergadura para fomentar su consumo o comercialización, y los ganaderos han expresado su frustración ante la falta de apoyo estatal. En muchas zonas, la crianza de llamas ha sido una respuesta espontánea de los productores ante la necesidad de mejorar su rentabilidad y adaptarse a las condiciones climáticas cada vez más extremas.
Además, el uso de la fibra de llama, igual que el de otras fibras naturales, como el algodón y de la alpaca, ha ido en declive con el tiempo, desplazado por el materiales sintéticos y modernos importados. Aunque el tipo Chaku produce una fibra de alta calidad, su comercialización es limitada en comparación con la de la alpaca, lo que reduce el interés por su explotación en el mercado textil. Incluso los mismos criadores que antes utilizaban sogas, costales y frazadas confeccionadas con fibra de este noble animal, ahora optan por sogas de nylon o cabuya y frazadas de materiales sintéticos.
Un futuro prometedor para el desarrollo andino
A pesar de los desafíos, la crianza de llamas representa una oportunidad clave para el desarrollo sostenible de las zonas altoandinas. Su resistencia, alta rentabilidad y calidad cárnica la convierten en una alternativa ideal para complementar la crianza de alpacas.
Para que la llama se consolide como una actividad económica importante en comunidades altoandinas, es necesario un esfuerzo conjunto entre el Estado y el sector privado. La promoción de su carne y su fibra en el mercado nacional e internacional podría no solo mejorar la economía de los ganaderos, sino también posicionar a la llama como un símbolo de resistencia altoandina y fuente de desarrollo sostenible y seguridad alimentaria para miles de familias en los Andes.
