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Crianza de cabra: alternativa rentable [INFORME]

Durante décadas, la ganadería caprina en el Perú ha sobrevivido en los márgenes del sistema productivo. Asociada a economías de subsistencia, a zonas áridas y a productores invisibles para el mercado formal, la crianza de cabras fue vista como una actividad de bajo retorno. Sin embargo, esa percepción empieza a cambiar, con emprendimientos exitosos, especialmente en la costa. Hoy, en un contexto de búsqueda de alternativas sostenibles y resilientes frente al cambio climático, la cabra reaparece como un animal con más futuro del que históricamente se le concedió.

Aunque no existen información actualizada sobre la población caprina en el país, según el Cenagro 2012, se estimaba una población de dos millones de cabezas, concentradas en Piura, Ayacucho, Lima e Ica. Y según la última estimación del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri), en 2022, los criadores de cabra son 95.184, concentrados principalmente en el bosque tropical seco del norte, los valles de la costa central y los valles interandinos. Aun así, el número no refleja el potencial productivo de una especie que, bien manejada, podría convertirse en una alternativa real para pequeños y medianos ganaderos.

Crianza versátil: Méd. Vet. Zoot. Ricardo Lizarzaburu Castagnino, socio fundador y gerente técnico de producción del establo Baume S.A.C., resalta la versatilidad de la crianza caprina como una alternativa rentable y viable, capaz de adaptarse a la geografía y a los recursos del país. Sostiene que el principal desafío no está en el animal, sino en mejorar el manejo, la sanidad y la nutrición.
Crianza versátil: Méd. Vet. Zoot. Ricardo Lizarzaburu Castagnino, socio fundador y gerente técnico de producción del establo Baume S.A.C., resalta la versatilidad de la crianza caprina como una alternativa rentable y viable, capaz de adaptarse a la geografía y a los recursos del país. Sostiene que el principal desafío no está en el animal, sino en mejorar el manejo, la sanidad y la nutrición.

 

El problema es el sistema

Para el médico veterinario zootecnista Ricardo Lizarzaburu Castagnino, socio fundador y gerente técnico de producción del establo Baume S.A.C., en Lima, el problema no es el animal, sino el sistema. “Estamos frente a una especie muy versátil, capaz de adaptarse a nuestra geografía y a nuestros recursos. Lo que falta es mejorar el manejo, la sanidad y la nutrición”, sostiene.

Las cifras que expone respaldan su afirmación. Con una crianza adecuada, una cabra puede alcanzar entre 50 y 60 kilos de peso vivo. Su consumo de forraje —entre 6 y 7 kilos diarios— y de agua —no más de 7 u 8 litros— es considerablemente menor al de otras especies ganaderas. Esa eficiencia la convierte en una opción atractiva para zonas con limitaciones hídricas o forrajeras.

Regiones con potencial

La geografía peruana juega, en este caso, a favor. Según el especialista, que aunque ha encontrado cabras en casi todo el país, incluso sobre los 4.000 metros sobre el nivel de mar como en Rajuntay (región Junín), regiones como Arequipa, Moquegua, Tacna, Cusco, Huancavelica y Andahuaylas (Apurímac), Cajamarca, Huánuco, Lima, Áncash, Trujillo (La Libertad), Piura e Ica, reúnen condiciones óptimas, especialmente en los valles interandinos de clima templado. A ello se suman zonas del trópico húmedo —Pucallpa, Loreto, Ucayali y Madre de Dios—, siempre que no se fuerce la adaptación del animal. “La cabra se puede criar casi en todo el Perú, incluso a más de 5.000 metros de altura, pero una cosa es sobrevivir y otra producir de manera rentable”, advierte.

Con buena alimentación, manejo y sanidad

Ese matiz es clave. Lizarzaburu insiste en que la versatilidad de la cabra suele confundirse con rusticidad extrema. “Algunos creen que basta con darle lo mínimo. Pero aquí no hablamos de supervivencia, sino de expresar el potencial productivo del animal. Eso solo se logra combinando sanidad, dieta y buen manejo”, explica.

El mayor cuello de botella, señala, está en la sanidad. La falta de criterios técnicos unificados y el manejo inadecuado de enfermedades —muchas veces mal diagnosticadas— impactan directamente en la productividad. “Si esto ocurre en sistemas intensivos de vacunos, imagínense lo que pasa en la ganadería caprina”, comenta. Para él, el camino pasa por el trabajo conjunto, la capacitación y la transferencia de conocimientos desde otros sistemas ganaderos más desarrollados.

Razas promisorias

En cuanto a las razas, el panorama nacional está dominado por la cabra mestiza, que representa cerca del 95 % del hato caprino. Su origen se remonta a los ejemplares traídos por los españoles en el siglo XVI, con base en razas como la Murciano-Granadina y la Malagueña, a las que luego se sumó la Anglo Nubian. Esta última, reconocible por sus largas orejas, destaca por su adaptación a climas áridos y su doble propósito: carne y leche.

razas cabras Perú carne y leche
Para leche y carne: A la izquierda, un ejemplar de la raza Anglonubiana, reconocida por su doble propósito en la producción de carne y leche. A la derecha, un ejemplar Boer, considerado una de las más eficientes para la producción de carne.

Sin embargo, si el objetivo es criar para producir leche, uno de los productos con mayor proyección —por su alta digestibilidad y rica en minerales, se acerca más a la leche humana, incluso ideal para persona con intolerancia a la lactosa— las razas más promisorias son Saanen, la Toggenburg, la Alpina y la Anglo Nubian. Estas razas ofrecen distintos niveles de producción, persistencia y adaptación, lo que permite diseñar sistemas acordes a cada región.

razas de cabras lecheras Perú
Razas lecheras: Las razas Saanen, Alpina y Toggenburg destacan como las más adecuadas para la producción de leche por su rendimiento, persistencia y capacidad de adaptación.

En carne, la raza Boer —originaria de Sudáfrica— se posiciona como la opción más eficiente. “Si se apunta a una producción neta de carne, lo ideal es trabajar con cruces de mestizos con Boer y Anglo Nubian”, señala Lizarzaburu.

Inversión-rentabilidad

Como toda actividad económica, la crianza de cabras requiere invertir no solo tiempo, sino también recursos financieros. El Dr. Ricardo Lizarzaburu Castagnino explica que una cabra promedio —por ejemplo, una Saanen pura— puede costar alrededor de 1.200 soles, ya sea parida o preñada. Precisa que una persona puede iniciar un proyecto comercial con aproximadamente 10 ejemplares, aunque el monto inicial varía según se trate de cabras puras o criollas.

A ello se suma la inversión en infraestructura. El especialista señala que, en promedio, una cabra adulta necesita al menos cinco metros cuadrados de espacio, lo que implica contar con corral y techo. Esta infraestructura básica puede representar una inversión cercana a los 400 soles.

“Cerca de mi caso, en Baumen, hemos construido un establo con 10 metros cuadrados por cada cabra. Hemos invertido en materiales de calidad, como techo de tiraforte, capaz de soportar lluvias durante 10 años. Además, instalamos comederos de plástico con bebederos automáticos. Todo el corral ocupa 75 metros cuadrados y alberga entre cinco y siete cabras, dependiendo del tamaño del animal. Este tipo de instalación no genera moscas y requiere al menos dos limpiezas por semana. En total, la inversión fue de 850 soles, un monto reducido si se considera que puede durar una década”, comenta.

Otra inversión clave es la sala de ordeño. Muchos criadores comienzan realizando esta labor de manera manual, lo cual depende del tipo de hato que se desee conformar. En el mercado es posible adquirir cabras criollas por entre 500 y 800 soles, adecuadas para el ordeño a mano. No obstante, cuando el productor alcanza unas 15 cabras, resulta necesario incorporar una máquina compresora.

 

“Cuando comencé, ordeñaba a mano, pero al llegar a 15 cabras adquirí una máquina compresora con línea de vacío, línea de leche y un tanque de cinco litros. Actualmente cuento con dos máquinas. Una con tanque de cinco litros puede costar 600 soles, mientras que una de 15 litros alcanza los 1.000 soles”, afirma.

Lizarzaburu indica que la inversión inicial para instalar un establo con capacidad para 20 cabras bordea los 12.000 soles, monto que incluye la compra de animales, la alimentación y las instalaciones. Añade que, si el negocio se desarrolla de manera adecuada y las ventas acompañan, el retorno de la inversión puede lograrse en un plazo aproximado de seis meses.

En el caso de la raza Saanen puede alcanzar 330 días de ordeño, con un promedio de 3,2 litros diarios.

También la raza Toggenburg, considerada la cabra más antigua que existe. Posee un temperamento manso y un pelaje largo que la hace más resistente al frío y a la altura. Es raza lechera que puede alcanzar campañas de 280 días, con un promedio de entre 2,2 y 2,3 litros diarios.

Le sigue la raza Anglonubiana, reconocida por su buena adaptación a climas áridos y calurosos. Se trata de un ejemplar de gran tamaño, con patas fuertes y un pecho amplio. Es conocida principalmente por su mayor producción de carne; sin embargo, también destaca por su rendimiento lechero, que puede extenderse hasta 250 días, con un promedio de 2,5 litros diarios, lo que la convierte en una raza de doble propósito.

Finalmente, está la raza Alpina, un animal de contextura delgada, pelaje largo y color marrón. Originaria de Suiza y Francia, suele destinarse al pastoreo. Presenta pezuñas negras y cascos duros, características que le permiten desplazarse con gran facilidad. Su periodo de producción puede alcanzar los 270 días, con un promedio de 3 litros diarios.

“Yo tengo un ganado variado, podría decirse que crío de todo. Comencé con una cabra y, con el tiempo, fui rescatando animales desahuciados que yo mismo curé. Así terminé criando cabras Criollas, Alpinas, Saanen, Toggenburg y Anglonubianas”, comenta el ganadero.

Sin embargo, afirma el Dr. Lizarzaburu, la raza criolla nacional es la mejor de todas, ya que destaca por su fortaleza, una línea superior óptima y buena alzada. Además, resalta que es una raza de fácil parto y cuyas crías presentan una gran vitalidad. Tiene una campaña promedio de 90 días y alrededor de 800 mililitros por día.

Experiencia exitosa

Los casos de éxito aún son contados. El establo Duman, dedicado a la elaboración artesanal de quesos, es uno de los referentes. Para Lizarzaburu, en el contexto peruano, un productor con más de 20 cabras ya puede considerarse mediano. Muchos proyectos no prosperaron, no por falta de esfuerzo, sino por descuidos técnicos, especialmente en sanidad. Aun así, observa señales alentadoras: marcas emergentes, intercambio de conocimientos con la ganadería vacuna y un mercado que empieza a valorar los productos caprinos.

Durante años, la cabra fue relegada a un segundo plano. Hoy, en un país diverso y con crecientes desafíos productivos, vuelve a ser mirada con otros ojos. No como un animal menor, sino como una oportunidad concreta para diversificar el agro, mejorar ingresos rurales y aprovechar mejor el territorio. La pregunta ya no es si la cabra puede producir en el Perú, sino si el sistema está listo para darle el lugar que merece.

La alimentación: La clave

De acuerdo con el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego y el Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA), los sistemas de producción caprina en el país están estrechamente vinculados a la ubicación geográfica y a las condiciones climáticas. Durante los periodos de escasas precipitaciones, el crecimiento de pastos y forrajes se ve limitado, lo que reduce la disponibilidad de alimento para el ganado, afecta su productividad y lo vuelve más vulnerable a enfermedades.

Ante este escenario, la búsqueda de alternativas alimenticias se ha convertido en una preocupación permanente para los criadores. En la costa central predominan los sistemas de pastoreo en rastrojos de cultivos; no obstante, también se registran sistemas intensivos a pequeña escala, así como la práctica de la trashumancia, que consiste en el desplazamiento del hato hacia zonas con mejores pastos y condiciones más favorables.

En la costa norte, el sistema predominante es el extensivo, basado en el pastoreo en bosques secos. En tanto, en las zonas altoandinas el manejo caprino también es extensivo y se sustenta principalmente en praderas naturales.

La alimentación constituye uno de los pilares fundamentales en la crianza de cabras, aspecto que los productores formales consideran prioritario. El Méd. Vet. Ricardo Lizarzaburu Castagnino explica que una ración balanceada debe contener, como mínimo, 15 % de proteína, 3 % de grasa, un nivel de magnesio superior al 0,22 % y una energía neta de lactancia de 1,4 megacalorías. Sin embargo, subraya que el factor clave es la incorporación de fibra efectiva y de buena calidad en la dieta.

“El costo diario de la alimentación varía según el sistema. Si es solo pastoreo, puede bordear los dos soles. En cambio, la dieta que yo proporciono contiene 18 % de proteína, 1,5 megacalorías de energía, 0,28 % de magnesio y 3,5 % de grasa. Todo esto se suministra de manera concentrada, además de heno y alfalfa. Este tipo de alimentación más completa puede llegar a costar cuatro soles diarios”, explica.

El productor sostiene que, si bien algunos criadores consideran este esquema más costoso, los resultados compensan la inversión, ya que no registra animales enfermos. “Lo que se invierte en alimentación se ahorra en sanidad”, afirma. Detalla que el gasto sanitario para un hato de 100 cabras puede ser de aproximadamente 100 soles monto que incluye el uso de presellador y sellador.

“La inversión en sanidad puede ser incluso menor cuando se administra una buena dieta, ya que una cabra bien alimentada es menos propensa a enfermarse y reduce significativamente los gastos en ese rubro. Por ejemplo, recientemente invertí 80 soles para atender a 140 animales —100 cabras y 40 ovejas—. Ese es el nivel de ahorro que puede lograrse con una nutrición adecuada”, afirma.

El presellador es un producto aplicado antes del ordeño para desinfectar y limpiar el pezón, reduciendo la presencia de bacterias externas, mientras que el sellador se utiliza después del ordeño para proteger el canal del pezón y prevenir la mastitis.

“Mientras exista un buen aporte de fibra y la dieta esté orientada a maximizar la producción sobre la base de la salud, los costos se mantienen bajos. La fibra es, sin duda, el elemento más importante”, concluye Lizarzaburu Castagnino.

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