A los siete años, Alfredo Zambrano Tapia ya conocía los caminos del bosque. En La Novia, Tahuamanu, él y sus nueve hermanos acompañaban a su padre a recolectar cocos de castaña (Bertholletia excelsa) entre árboles gigantes. Así aprendieron sobre la nuez amazónica y otras especies forestales que crecen en Madre de Dios.
Hoy, a sus 57 años, Alfredo sigue recorriendo esos mismos senderos, pero ahora junto a sus dos hijos, con quienes comparte lo aprendido de su padre y la experiencia acumulada durante décadas. El bosque que conoció de niño se convirtió en su lugar de trabajo y en el escenario donde continúa transmitiendo ese conocimiento a la siguiente generación.
A esta experiencia se suman las capacitaciones y orientaciones del Organismo de Supervisión de los Recursos Forestales y de Fauna Silvestre (Osinfor), que le permiten mejorar el cumplimiento de sus obligaciones como titular de una concesión forestal de recursos no maderables.
“Ahora el Osinfor te da muchas posibilidades para que tú puedas trabajar y aprovechar el bosque de manera sostenible. Nos brinda un enfoque preventivo y nos orienta para anticipar posibles incumplimientos y darnos herramientas para manejar nuestros bosques de forma responsable”, cuenta Alfredo.
En un área de 509,41 hectáreas, Alfredo tiene autorización para recolectar los frutos de 415 árboles y movilizar más de 20 toneladas de nuez amazónica. De manera complementaria, la legislación forestal le permite realizar el aprovechamiento responsable de la madera de especies como achihua (Jacaranda copaia), ana caspi (Apuleia leiocarpa), azúcar huayo (Hymenaea oblongifolia) y otras 22 especies con potencial maderable.

Conocer el bosque para trabajar la castaña
La campaña de castaña comienza mucho antes de que caigan los primeros cocos. En octubre, Alfredo y sus hijos ingresan al bosque para limpiar los caminos que los conducirán hasta los castañales. Saben que los frutos empiezan a caer en diciembre y quieren estar preparados para recolectarlos durante la temporada, entre enero y marzo.
Alfredo conoce bien los tiempos y los árboles de castaña que se encuentran dentro de la concesión que el Estado le otorgó para el aprovechamiento sostenible de este fruto.
“Yo sé de cuál árbol cae primero la castaña y de cuál cae último. Nosotros vamos con nuestras payanas en mano, ingresamos al bosque y recogemos cada coco en nuestras canastas. Tenemos que ser rápidos; si no, al otro día no encontramos nada”, cuenta.
Tras recorrer los bosques, cada uno recolecta al menos tres sacos de 70 kilos por día. Luego, trasladan la producción en moto carguera hasta el payol ubicado en el predio de uno de sus hermanos, donde permanece almacenada hasta que es recogida por la Asociación de Recolectores Orgánicos de Nuez Amazónica de Perú (RONAP), de la que Alfredo es socio. A través de esta organización, que certifica su castaña, el producto inicia su camino hacia los mercados de exportación.
Según la época, cada saco puede alcanzar entre 300 y 500 soles. Sin embargo, el precio varía y Alfredo lo sabe bien. Por ello, tiene entre sus objetivos promover la asociatividad entre más castañeros, de modo que puedan comercializar su producción en mejores condiciones y obtener una rentabilidad que les permita continuar con la recolección de castaña.
Una experiencia que se comparte
Con los años, el trabajo de Alfredo comenzó a dejar huella. En 2023 recibió una constancia de cumplimiento de obligaciones por el aprovechamiento sostenible de la castaña. Dos años después, obtuvo otra por la extracción responsable de madera. Ambos documentos reconocen buenas prácticas forestales y le permiten acceder a un descuento del 15 % en el pago por derecho de aprovechamiento de estos recursos.
Su forma de trabajar también fue reconocida durante el XIII Festival de la Castaña de Madre de Dios, tras obtener resultados favorables en la auditoría quinquenal del Osinfor, lo que le permitirá ampliar el plazo de gestión de su concesión hasta por cinco años más. Además, el bosque que gestiona fue escenario de la primera pasantía especializada en manejo sostenible de concesiones forestales no maderables, debido a su buen desempeño.
Detrás de estos resultados hay algo más importante: el compromiso de un titular que conoce sus obligaciones y las incorpora a su trabajo cotidiano.
“Cuando un titular maneja responsablemente sus recursos forestales, se convierte en un ejemplo para otros usuarios y demuestra que es posible aprovechar los mismos de manera responsable y sostenible”, destaca Giancarlo Silva Tello, coordinador del Osinfor en Puerto Maldonado.
Los caminos que un día Alfredo recorrió junto a su padre son hoy las mismas rutas que transita con sus hijos. Allí continúa un legado familiar de más de 50 años, construido alrededor de la castaña y de una forma de vida vinculada al aprovechamiento sostenible del bosque.
