Cada 3 de setiembre, el Perú celebra el Día Nacional del Tarwi con la finalidad de poner en valor esta leguminosa ancestral, promover su consumo y destacar el trabajo sostenido de las 30 000 familias productoras que encuentran en este cultivo una fuente de ingresos.
El tarwi (Lupinus mutabilis) es uno de los cultivos emblemáticos del Perú, conservado por generaciones y con un importante potencial para la transformación y generación de valor agregado. Sus múltiples usos permiten desarrollar nuevos productos y ampliar las posibilidades de comercialización de este grano.
Durante 2025, el Perú cosechó 13 900 hectáreas de tarwi y alcanzó una producción de 24 208 toneladas métricas. Las principales regiones productoras fueron La Libertad (26 %), Cusco (25 %), Apurímac (17 %), Junín (9 %), Huánuco (6 %), Puno (6 %) y Áncash (3 %).
Sin embargo, la importancia del tarwi no se limita a las zonas donde se concentra su producción, sino que también se refleja en los hábitos de consumo. En Huaraz (Áncash), por ejemplo, este producto mantiene una arraigada tradición alimentaria y forma parte de diversas preparaciones de la gastronomía local.

Un producto andino con potencial
El crecimiento del consumo también abre oportunidades para ampliar la comercialización del tarwi y sus mercados. Durante 2025, las exportaciones alcanzaron $1 025 000, con Ecuador como principal destino, lo que ratifica el potencial de este cultivo andino en el mercado internacional.
Promover su consumo significa no solo revalorar un alimento ancestral, sino también dinamizar una cadena productiva que involucra a miles de familias productoras y fortalecer la demanda de un cultivo que forma parte de la agricultura familiar peruana.
Luego de su tradicional proceso de desamargado, el tarwi puede incorporarse en diversas preparaciones de la cocina peruana, como ensaladas, guisos, sopas, cremas, harinas y otras alternativas, demostrando la versatilidad de este producto andino.

Biodiversidad y valor nutricional
El tarwi representa una de las expresiones más importantes de la biodiversidad alimentaria del Perú. Este cultivo andino milenario, domesticado y preservado durante generaciones por los agricultores, destaca por sus propiedades nutricionales y su capacidad para adaptarse a condiciones climáticas adversas. Entre sus principales componentes destacan su alto contenido proteico, de entre 41 % y 51 %; fibra (9.6 %); ácidos grasos esenciales como omega 3, 6 y 9; además de calcio y hierro.
Como leguminosa, el tarwi también contribuye a mejorar la fertilidad del suelo y puede utilizarse como cultivo de rotación, favoreciendo prácticas agrícolas sostenibles.
