En el Perú, alrededor del 90 % de los suelos agrícolas presentan algún nivel de degradación, principalmente a causa de malas prácticas agronómicas y el uso excesivo de pesticidas. A ello se suma la contaminación provocada por la minería, especialmente la ilegal. Si bien este problema afecta a todo el país, el mayor daño por actividad minera se concentra en Madre de Dios, según advierte el Ing. Agr. Francis Reyes Lainez, consultor internacional en agricultura regenerativa.
“En mi experiencia, la agricultura convencional, basada en pesticidas y la minería ilegal son las actividades que más deterioran los suelos. Lo he observado en todas las regiones del país, pero el caso más crítico es Puerto Maldonado (Madre de Dios). Se estima que en los últimos 25 años unas 100.000 hectáreas han sido arrasadas por minería ilegal”, señala Reyes Lainez, gerente técnico de Bioem SAC, con más de 20 años de experiencia en el campo.

Impacto de las prácticas agrícolas en costa y Amazonía
Reyes Lainez insiste en que al hablar de suelos y agricultura es necesario considerar las particularidades geográficas del país. En la costa, se cultiva en zonas desérticas mediante riego tecnificado, con productos de exportación como uva, palta y arándanos. En contraste, en la Amazonía se siembran cultivos como cacao, café y palma aceitera, muchas veces tras la tala indiscriminada de bosques.
“La selva es especialmente vulnerable. Los suelos son más frágiles y la técnica del corte y quema, aún muy utilizada, deja la tierra expuesta. Con las lluvias, la capa superficial —rica en materia orgánica— es arrastrada, provocando acidificación del terreno”, explica.
En la costa, el cultivo de arroz es uno de los principales responsables de la degradación. “Hace 40 años, los arroceros usaban un saco de fertilizante y lograban buenos resultados. Hoy se necesitan 10 sacos o más. Esto evidencia que los fertilizantes no solo pierden efectividad, sino que degradan el suelo, generando problemas de compactación y salinización”, afirma.
Restablecer la fertilidad del suelo
La propuesta de Reyes Lainez es clara: apostar por la agricultura regenerativa, un enfoque que promueve el restablecimiento de la fertilidad del suelo a partir del respeto por los procesos naturales. “La verdadera agricultura consiste en comprender cómo funciona el suelo. Los microorganismos son la clave para su salud, productividad y la calidad de los alimentos”, sostiene.
La agricultura regenerativa se apoya en tres prácticas fundamentales:
- Evitar el arado: Mantener el suelo cubierto, como ocurre naturalmente en los bosques, evita la pérdida de microorganismos por exposición solar.
- Siembra directa: Técnica ancestral que reduce la alteración del terreno, como la que se realizaba con la chaquitaklla.
- Uso de biofertilizantes: Aplicación de abonos líquidos o sólidos enriquecidos con microorganismos benéficos.
“Hoy, parcelas que aplican agricultura regenerativa han reducido en 80 % el uso de fertilizantes sintéticos y han recuperado la fertilidad perdida hace décadas”, afirma.

Biofertilizantes: tecnología accesible para transformar el campo
Reyes Lainez destaca que la elaboración de biofertilizantes con microorganismos eficaces es una opción viable y de bajo costo para pequeños y grandes productores. “Con insumos económicos como melaza, minerales y baldes plásticos, es posible producir un litro de biofertilizante por apenas 0,5 dólares. El proceso toma solo siete días”, precisa.
Según el especialista, estas tecnologías restauran rápidamente la fertilidad biológica del suelo, mejorando además la estructura física y química. “Una cucharada de suelo sano puede contener más de 7.500 millones de microorganismos, más que la población mundial”, enfatiza.
Caso de éxito
En el centro poblado San Cristóbal, distrito de Cajaruro, provincia de Utcubamba, región Amazonas, el ingeniero zootecnista Javier Ortiz Zelada ha demostrado los beneficios de la agricultura regenerativa. En su fundo “El Recuerdo Tigrepampa”, pasó de cosechar 700 a 1.000 kilos de cacao por hectárea en solo cuatro años, y este año espera lograr 1.200-1.300 kilos, reduciendo drásticamente el uso de agroquímicos. “Si se analiza la producción, el retorno es favorable”, afirma.
“Al principio aplicábamos insecticidas y fungicidas, pero los suelos estaban degradados. Al conocer la agricultura regenerativa, decidimos introducir microorganismos eficaces y generar cobertura vegetal. Desde entonces, la productividad ha crecido y los costos han bajado”, cuenta.
Actualmente, Ortiz aplica biofertilizantes líquidos y sólidos, además de guano de isla, realizando hasta ocho aplicaciones anuales. La inversión por hectárea bordea los 800 soles, frente a los más de S/3.000 que requería el manejo convencional.

Una alternativa sostenible frente al colapso
Ortiz resalta que la regeneración del suelo ha favorecido la aparición de hongos benéficos, indicadores de salud del terreno. Además, ha compartido sus conocimientos con otros agricultores, como una productora de cacao nativo que transformó su parcela en poco más de un año.
Sin embargo, también advierte sobre la falta de continuidad. “Muchos agricultores vuelven a los fertilizantes sintéticos tras pocos meses, lo que genera impactos negativos”, advierte.
Para él, el bajo nivel de adopción de estas técnicas se debe a factores culturales y a la fuerte influencia de la agroindustria química. “Aún hay escepticismo. Algunos no creen que un líquido con olor a chicha pueda mejorar el suelo”, reflexiona.
