La Asociación Nacional de Productores Ecológicos – ANPE Perú denunció, mediante un comunicado, que mientras los pequeños productores trabajan día a día para abastecer los mercados locales, el Estado y sus instituciones los marginan, ignoran y excluyen. “La agricultura campesina familiar no cuenta con representación real en el Estado ni en los planes de los gobiernos de turno”, señalaron.
Los representantes de ANPE afirman que el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri) está orientado al servicio del empresariado exportador, sin mostrar la menor preocupación por la alimentación del pueblo peruano. Acusan al sector de promover un modelo de desarrollo que impone tecnologías destructivas, concentra tierras y amenaza la biodiversidad. “Los pequeños agricultores abastecen los mercados locales sin recibir reconocimiento alguno”.
“El Midagri representa apenas al 3 %, o incluso menos, de las élites empresariales. El ministro Angel Manero utiliza a la agricultura familiar cuando le conviene, pero en otros momentos la desprecia, la ignora e incluso la margina”, sostienen.

Frente a este abandono, ANPE Perú reafirma su compromiso con una agricultura socialmente sostenible, que proteja los territorios, fortalezca a las comunidades y garantice la soberanía alimentaria del país.
“Dina Boluarte, con un rostro andino, va desmantelando los programas que, de una u otra manera, apoyaban a los pequeños agricultores. Estos, reconocidos por las Naciones Unidas, son conocidos en su verdadero nombre como agriculturas campesinas”, agregaron.
Según el comunicado, existe una teoría sobre el diseño de la pequeña agricultura familiar formulada desde el capitalismo estadounidense, cuya estrategia es marginar y desaparecer la agricultura campesina. Esta busca dar paso a una agricultura capitalista de gran escala, manteniendo a la agricultura campesina en una situación marginal y en desventaja frente a una competencia desigual, dominada por grandes explotadores y sistemas subordinados al mercado.
“En este modelo, los pequeños agricultores son vulnerables frente a las grandes empresas, especialmente por la introducción autoritaria y politizada de nuevas tecnologías, maquinaria y fertilizantes que atentan contra la naturalidad del campo. Además, se promueve la concentración de tierras: el desarrollo capitalista busca el monopolio y acaparamiento en pocas manos, desmembrando las parcelas comunales y reduciendo el acceso a tierras para los pequeños agricultores”, explicaron.
Por el contrario, la agricultura familiar campesina representa un conjunto de prácticas socialmente sostenibles, que respetan los ecosistemas locales y promueven el patrimonio comunitario, el empoderamiento colectivo y la educación para asegurar el derecho a una alimentación adecuada. Este tipo de agricultura busca preservar la biodiversidad agrícola mediante el uso sostenible de recursos locales y la conservación de los alimentos tradicionales.
“Si los llamados pequeños agricultores familiares no produjeran alimentos, los autodenominados ricos morirían de hambre. Sin embargo, a pesar del maltrato constante, los agricultores campesinos resisten. Pueden cansarse, pero no se rinden. Por eso, los alimentos siempre están donde tienen que estar”.
Para los pueblos originarios y las comunidades campesinas, la soberanía alimentaria no solo es una responsabilidad, sino también un derecho fundamental. Sin embargo, ese derecho ha sido entregado al modelo industrial, que ha dado paso a la producción de alimentos artificiales bajo el discurso de la industrialización alimentaria.
En el Perú, la agricultura familiar campesina no tiene representación en el Estado ni en los gobiernos de turno. Tampoco forma parte de los planes de los grupos políticos, cuyos intereses responden a un pequeño grupo empresarial.
