Las recientes declaraciones del gobernador regional de Lambayeque, Jorge Pérez Flores, culpando a organismos adscritos al Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri) por la lentitud en la ejecución de obras de prevención, no son más que una maniobra desesperada para desviar la atención de su inacción y pésima gestión. La realidad es clara: es su administración la que ha puesto en riesgo a miles de familias lambayecanas con su incapacidad y negligencia.
El colmo de la improvisación ha sido el intento de crear un expediente técnico (ET) solo para reparar la bocatoma Huaca La Cruz, cuando la verdadera solución es una bocatoma total, un proyecto integral que garantice seguridad y estabilidad. La Autoridad Nacional de Infraestructura (ANIN) debería asumir este proyecto, ya que está claro que el Gobierno Regional de Lambayeque (GORE) no tiene ni la capacidad ni la voluntad de ejecutarlo correctamente.

Con un presupuesto de S/ 9 millones destinados a obras de emergencia y reducción de vulnerabilidad, la región sigue siendo un desastre esperando ocurrir. ¿Dónde está ese dinero? ¿Por qué no se ha traducido en obras efectivas? La realidad es que la falta de planificación y ejecución eficiente ha convertido esos fondos en humo.
La construcción del dique en la bocatoma Huaca La Cruz es un caso vergonzoso de mala gestión. Lo que debía ser una obra de seguridad hídrica se ha convertido en una bomba de tiempo. La pésima ejecución del proyecto, con materiales deficientes y un diseño improvisado, ha provocado el colapso de las compuertas, dejando a cientos de familias expuestas a desbordes catastróficos. Es evidente que la falta de supervisión del GORE ha convertido esta obra en un peligro en lugar de una solución.
Los expertos en infraestructura hídrica lo han dicho claro: Lambayeque necesita presas reguladoras y soluciones basadas en estudios técnicos serios, no proyectos parchados que solo sirven para justificar gastos y enriquecer a unos cuantos. Pero en vez de asumir su responsabilidad, el gobernador prefiere culpar a otros y esconder su propia incompetencia.
A esto se suma la permanencia de funcionarios vinculados a la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios (ARCC), un organismo cuyo legado es la parálisis y el despilfarro. Figuras como Alberto Marquina y César Rafael, responsables de fracasos en Soluciones Integrales, siguen manejando los hilos de la ejecución de obras, asegurando que nada cambie y que la ineficiencia continúe.
El pueblo ya no se calla. Nelson Ríos Manrique, representante de la Asociación de Agricultores de Lambayeque, lo dice sin rodeos: «Nos hablan de inversiones históricas, pero lo único histórico es la ineficiencia y la falta de planificación. En el valle La Leche, Tumbes y Lima, las obras siguen paralizadas mientras los agricultores pagamos las consecuencias». Sus palabras reflejan la indignación de una región que ha sido abandonada por sus autoridades.
Es urgente que se realice una auditoría independiente y que los responsables de esta debacle sean sancionados con todo el peso de la ley. No más discursos vacíos, no más excusas. Se necesita acción inmediata, transparencia y una reestructuración total del aparato estatal en Lambayeque. Basta ya de mentiras, basta ya de incompetencia. La población exige soluciones reales y no más promesas incumplidas.
