El pueblo originario Yagua está conformado por aproximadamente 60 comunidades que habitan de manera dispersa en la selva amazónica de las provincias de Mariscal Ramón Castilla y Putumayo, en la región Loreto, así como en las áreas colindantes de Colombia y Brasil.
En la superficie peruana, el territorio del pueblo Yagua tiene como eje la cuenca fluvial del río Amazonas y se extiende aproximadamente desde el río Ampiyacu hasta el río Atacuari en la frontera con Colombia, y desde el río Yaguas hasta el río Yavarí en la frontera con Brasil.
El pueblo Yagua se autodenomina Nihamwo, término que significa “nosotros” o “la gente”. Según datos recabados por el Ministerio de Cultura en la Base de Datos Oficial de Pueblos Indígenas u Originarios del Estado peruano, se estima que la población del pueblo Yagua es de 10,119 personas.
En su autopercepción, los miembros del pueblo Yagua se ven a sí mismos como “rojos”, una característica que se manifiesta en la práctica tradicional de colorearse el cuerpo con achiote, un pigmento natural de color rojizo extraído de las semillas de la Bixa orellana, utilizado por distintas civilizaciones del continente desde la época precolombina.
Históricamente, los primeros grupos humanos foráneos que establecieron contacto con el pueblo Yagua fueron los exploradores españoles que acompañaron a Francisco de Orellana durante la expedición que recorrió el río Amazonas en 1542, y las que le siguieron. Durante los siglos XVII y XVIII, el establecimiento de reducciones o misiones de la Compañía de Jesús, con fines de “evangelización y civilización”, permitió a los misioneros jesuitas registrar las primeras fuentes documentales relacionadas con los Yagua y otros pueblos originarios de la Amazonía.
Durante ese período, aunque las misiones se convirtieron en refugios para las poblaciones originarias asediadas por esclavistas, también enfrentaban problemáticas como epidemias y conflictos interétnicos. Después de la expulsión de los jesuitas en 1768 y el debilitamiento de las misiones de órdenes religiosas como la franciscana, las poblaciones originarias fueron administradas por los primeros colonos inmigrantes, quienes instauraron el patronazgo. Este sistema consistía en un régimen de servidumbre por parte de la población originaria hacia el patrón, sistema que rigió en toda la región amazónica.
Durante el siglo XIX, con el objetivo de conocer el territorio amazónico, sus fronteras y potencialidades extractivas, surgió una segunda oleada de colonización promovida por el naciente Estado peruano. Aproximadamente entre 1880 y 1914, se intensificó la extracción de caucho, lo que provocó una serie de acciones violentas y criminales que afectaron tanto a los Yagua como a otros pueblos originarios de la Amazonía.
Entrado el siglo XX y tras la denominada “fiebre del caucho”, las condiciones de vida de los Yagua y otros pueblos originarios amazónicos permanecieron precarias, pues el sistema de patronazgo, instaurado desde fines del siglo XVIII y consolidado durante la explotación del caucho, continuó vigente. Este sistema se adaptó a la explotación de otros recursos, como el comercio de pieles de animales salvajes o la industria maderera.
En la segunda mitad del siglo XX, el Estado peruano implementó políticas que promovieron la colonización y el “desarrollo” de la Amazonía, generando conflictos por el ingreso sin aviso ni consulta anticipada de colonos a territorios ocupados por poblaciones originarias, incluidos los Yagua. En respuesta a esta problemática, desde la década de 1960 hasta la actualidad, los pueblos originarios amazónicos formaron asociaciones étnicas que se organizaron a nivel nacional y supranacional para defender sus derechos y proteger sus territorios, así como su relación social, cultural y económica.
En cuanto a la organización social del pueblo Yagua, tradicionalmente se basa en un modelo clánico patrilineal. Los diversos clanes de la sociedad Yagua se organizan en tres categorías naturales cuyos nombres se asocian con aves, vegetales y animales terrestres. Entre los nombres de clanes identificados por investigadores de la sociedad Yagua se encuentran: guacamayo rojo (apwiria), árbol de capirona (asanuria) y mono o maquisapa (kuotaria).
En términos de actividades económicas, los Yagua practican la agricultura, recolección, artesanía, pesca y caza para el autoconsumo y comercio. Además, comercializan carnes, pieles, fibras vegetales, productos artesanales, frutos y maderas. En los últimos cincuenta años, el desarrollo de la industria turística y el crecimiento de la oferta laboral en zonas urbanas del departamento de Loreto han llevado a una emigración de la población Yagua y a la diversificación de sus actividades económicas, incluyendo bienes y servicios dirigidos al sector turístico y al mercado urbano.
La producción artesanal del pueblo Yagua incluye prácticas tradicionales de hilandería, cestería, alfarería y trabajos en madera. La hilandería consiste en la producción de hilos y cuerdas a partir de fibras de la palmera chambira. La cestería fabrica canastas para el traslado de cargas, utilizando fibra de huacabilla. La alfarería abarca la fabricación de ollas, jarras y vasijas con barro de río y ceniza de la corteza del árbol apacharama. Los trabajos en madera incluyen la fabricación de objetos utilitarios, canoas e instrumentos musicales como flautas de pan, flautas traveseras, pitos y tambores.
Los tejidos del pueblo Yagua son principalmente elaborados por las mujeres de la comunidad, quienes mantienen las técnicas tradicionales de tejido, diseño clánico y elaboración de tintes vegetales. La transmisión de estos conocimientos ocurre de manera intergeneracional, con las abuelas y madres enseñando a las niñas desde temprana edad.
En el proceso de transmisión, las abuelas y madres Yagua realizan “curaciones” para enseñar a las jóvenes a recolectar especies tintóreas, preparar tintes y tejer. Por ejemplo, calientan plátano guineo manzano en sus hojas para “curar” las manos de las aprendices, y colocan ciempiés en las manos de las jóvenes con la esperanza de transferirles habilidades y rapidez.
Los tintes tradicionales tienen un profundo significado para los Yagua y los distinguen de otros pueblos originarios. La variedad de colores y los diseños en los tejidos reflejan su identidad y los diferencian de otros grupos. La recolección de materias primas para los tintes es realizada principalmente por mujeres, con plantas cultivadas en chacras y recolectadas en el bosque.
Entre las principales plantas nativas utilizadas para tintes están el achiote, guacamayo caspi, huito, bijao, bijao chuyo caspi, moashena, jebe o caucho, planashu y kuruhiri. El fruto del achiote (Bixa arborea), conocido como kika, se utiliza para obtener un tinte rojo. Para teñir las fibras de chambira, las semillas se remojan en agua, luego se enjuagan y secan. El tinte corporal del achiote se obtiene hirviendo arilos con resina de Leche de caspi (Couma macrocarpa), mezclado con aceite de pijuayo.
La corteza del guacamayo caspi (Simira cordifolia) produce tintes rojos y rosados. El fruto del huito (Genipa americana) proporciona un tinte negro, y las hojas de bijao (Calathea sp.) se usan para obtener tintes verdes. Las hojas de bijao chuyo caspi (Picramnia latifolia) dan colores azul, celeste y negro. Las hojas de moashena (Piper arboreum) producen un tinte gris, y el jebe (Hevea brasiliensis) se utiliza para un tinte corporal negro. Las hojas de planashu y kuruhiri proporcionan tintes verdes y morados, respectivamente.
El uso de gredas, como nanri mushunuca y mushanaku, actúa como mordientes tintóreos o sustancias para alterar el color de los tintes.
Estos conocimientos y prácticas del pueblo Yagua, profundamente vinculados con su historia y cultura, representan una herencia invaluable que ha sobrevivido y se ha adaptado desde la época precolombina hasta el siglo XXI. Su persistencia es un ejemplo de la resiliencia y sostenibilidad de los recursos bioculturales de la Amazonía por parte de sus habitantes.
