Por: Rodolfo Ardiles Villamonte
Se estima que existen aproximadamente 205 millones de hectáreas alrededor del mundo dedicadas a Organismos Genéticamente Modificados (OGM), más conocidos como transgénicos, distribuidas en países que cultivan 11 distintos de OGM.
Desde su introducción en la década del 70, esta biotecnología ha ido adquiriendo relevancia en diversos sectores de la actividad humana, especialmente en la agricultura.
De acuerdo con el Observatorio de Bioética de la Universidad Católica de Valencia, San Vicente Mártir (España), la soya lidera el ranking de cultivos transgénicos, con 98.9 millones de hectáreas, seguida por el maíz con 66.2 millones, el algodón con 25,4 millones y la canola con cerca de 10 millones ha. Estas cifras reflejan su creciente importancia. No obstante, ¿son los cultivos transgénicos la única vía para el desarrollo agrícola?
Según el ingeniero biólogo Rodomiro Ortiz, profesor de genética y fitomejoramiento en la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas, los OGM no siempre son la opción más adecuada. Es crucial considerar al sistema agroalimentario como un conjunto que opera con múltiples componentes diferenciados. En ciertos casos, el mejoramiento genético no es necesariamente la mejor opción, ya sea mediante métodos convencionales como el cruzamiento o a través de técnicas más avanzadas como la ingeniería genética o la edición genómica.
“El mejoramiento genético no siempre resulta ser la alternativa ideal. En ocasiones es preferible optar por políticas agrarias eficientes, como lo evidenció Norman Borlaug, Nobel de la Paz en 1970, con su revolución verde. Sus estudios demostraron que no bastaba con mejorar la semilla. La estrategia debe complementarse con un conjunto tecnológico que incluya irrigación, fertilizantes y políticas de precios refugio, apoyado por subsidios para los insumos, tal como se implementó en las cosechas de arroz y trigo en el sur de Asia”, argumenta el Ing. Ortiz.
Evaluar el contexto de cada región para los OGM
Para sembrar cultivos transgénicos, primero se debe evaluar el contexto específico de cada región o país. El científico pone como ejemplo a Norteamérica, China, India y Argentina, donde se cultivan extensivamente semillas transgénicas de algodón, maíz y soya. Este modelo permite desarrollar una agricultura con características específicas, como la resistencia a insectos y al glifosato (en el caso de la soya).
“Es importante analizar el contexto específico de cada región. Una zona de Norteamérica (angloparlante) y el cono sur de Sudamérica practican una agricultura de conservación que incluye técnicas como la siembra directa, arado mínimo, rotación de cultivos e incorporación de rastrojos. Sin embargo, para resolver el problema de las malas hierbas, es necesario incorporar un gen resistente al glifosato en las semillas de soya, de modo que este herbicida mata todas las hierbas que compiten por espacio y nutrientes con el cultivo”, explica el Ing. Ortiz.

Alternativa a la transgénesis
El Ing. Ortiz añade que la investigación en este campo es constante y uno de los avances más destacados actualmente es la edición genómica. Esta tecnología se perfila como una alternativa a los OGM, ya que no introduce artificialmente un gen de otra especie al genoma, en este caso, de un vegetal para que tenga ꟷsin cambiar de aparienciaꟷ alguna(s) característica(s) que normalmente no posee, como se procede en la transgénesis.
En cambio, en un cultivo editado genéticamente, no se introduce un gen externo, sino que se edita la secuencia de ADN de la planta, dando lugar a una nueva variedad de planta. O, dicho de otra forma, se enfoca en realizar mutaciones dirigidas a una región específica del genoma para inducir una modificación positiva mediante la eliminación selectiva de información del ADN previamente identificada.
“Tijeras genéticas”
“Por esta razón, quienes trabajan en esta tecnología la comparan con unas tijeras genéticas capaces de cortar un segmento del ADN donde se ha detectado un elemento indeseado. A diferencia de los OGM, la edición genómica induce mutaciones en zonas específicas del genoma para conseguir alteraciones beneficiosas para el cultivo”, destaca el Ing. Ortiz.
Tecnología prometedora ante el cambio climático y seguridad alimentaria
Por su parte, el Ing. Julio Vivas Bacallán, CEO de la Asociación Peruana de Semillas, la tecnología de edición genética es una alternativa prometedora para enfrentar desafíos como el cambio climático, la seguridad alimentaria y la provisión de alimentos de alta calidad para una población en constante crecimiento.
“La edición genética también facilita el desarrollo de cultivos resistentes al cambio climático en un tiempo menor que el mejoramiento convencional. Existen diversos enfoques para otorgar a los cultivos la resistencia necesaria frente a los desafíos climáticos, desde la tolerancia al estrés hídrico causado por sequías, con avances significativos en cultivos como maíz, arroz, soya, trigo y tomates”, destaca el Ing. Vivas.
Añade que la edición genética permite mejorar la calidad y el perfil nutricional de los cultivos para una población creciente y vulnerable, así como desarrollar cultivos capaces de tolerar temperaturas extremas. “Es posible “silenciar” genes que provocan susceptibilidad al estrés o eliminar aquellos que permiten a una planta resistir una plaga”, afirma.
“La edición genética consiste en realizar ajustes en el genoma de un organismo. Imaginen un texto donde corregimos un error ortográfico; de manera similar, esta herramienta biotecnológica permite potenciar o silenciar características deseables en una planta, sin introducir ADN foráneo, solo editando genes”, explica el Ing. Vivas.

En el Mundo
Dada a su viabilidad, varios países en el mundo han adoptado la edición genética para mejorar la producción de alimentos de origen agrario. Estados Unidos y Japón son pioneros en regulación y ya cultivan comercialmente productos editados, como el tomate con alto contenido de ácido gamma-aminobutírico, que ofrece beneficios potenciales para la salud, y soya con 80 % más de ácido oleico y 20 % menos de ácidos grasos saturados para la producción de aceite sin grasas trans. También han desarrollado una variedad de mostaza editada cuyas hojas, libres del sabor picante original, pueden usarse en ensaladas, reduciendo el desperdicio alimentario, detalla el Ing. Vivas.
En América Latina, países como Colombia, Argentina, Paraguay, Uruguay, Brasil, Chile, Ecuador, Honduras, Guatemala y Costa Rica, han implementado políticas para acceder a la tecnología de edición genética están adoptando esta tecnología para la producción de alimentos. Sin embargo, Perú, Bolivia y Venezuela aún no cuentan con dichas políticas.
China lidera investigación en edición genética
Por otro lado, China encabeza el campo de la edición genética, con el 50 % de las investigaciones a nivel mundial. En América Latina, Argentina, Brasil y Colombia ya han aprobado cultivos editados para la siembra comercial.
Cacao sin cadmio
En Colombia, por ejemplo, se están investigando líneas de cacao para desarrollar plantas que no absorban cadmio, un metal pesado que restringe la exportación de cacao hacia la Unión Europea, así como de otros productos como la palta y los espárragos.
En términos de regulación, el enfoque varía. Algunos países consideran diferencias entre organismos editados y modificados genéticamente, mientras que otros no. Cada vez más países desarrollan regulaciones para facilitar el acceso a esta tecnología. Estados Unidos y Canadá no imponen restricciones, tratándolos como cultivos convencionales. En contraste, países como Colombia y la mayoría de los latinoamericanos evalúan cada caso individualmente.
“Europa, ante la necesidad de asegurar la disponibilidad de alimentos frente al cambio climático, está reconsiderando la adopción de las nuevas técnicas genómicas (edición genética) en la agricultura, y la Comisión Europea ya ha dado su aprobación preliminar”, concluye el Ing. Vivas.
