Una de las mejores respuestas frente al aislamiento obligado de la pandemia, es el agroturismo vivencial, particularmente en espacios abiertos, con aire fresco no contaminado, y practicando actividades rurales que despiertan el interés y la curiosidad entre los ciudadanos urbanos.
Esa actividad es una buena alternativa para reconvertir los fundos agrícolas y establos ganaderos en destinos turísticos vivenciales, no sólo para impulsar su propio sostenimiento y reactivación de los daños ocasionados por la pandemia, sino también apoyar a la reactivación económica del país.
Vacas, quesos, yogurt, manjar blanco…
Eso es lo que está desarrollando el Sr. Walter Velásquez Catacora, propietario del prestigioso establo lechero “Los Pinos”, ubicado en el distrito de Inclán, en Tacna, lo cual constituye un gran ejemplo para el resto del país, pues hay millones de personas que quieren buscar la libertad y recorrer el campo, así como cientos de fundos agrícolas y establos lecheros que requieren a gritos oxígeno para sobrevivir. Ese oxígeno, está en el agroturismo.
Hasta ese lugar, donde hay 80 vacas Holstein, llega un gran número de personas para observar, mirar, admirar, preguntar, escuchar y protagonizar cómo se realiza la crianza de los animales, cómo se logra la producción lechera, y cómo este nutritivo insumo se utiliza en la producción de quesos, yogurt, manjar blanco, mantequilla y otros derivados lácteos.
El establo lechero “Los Pinos”, además de poner su infraestructura para este nuevo giro de los negocios, tiene corrales de cabras lecheras, ovinos “Hampshire Down” y Pelibuey, criaderos de cuyes, conejos, gallinas de corral, una tienda para la venta de productos lácteos, entre otros servicios, para lo cual ha adoptado todas las medidas de bioseguridad, recomendadas por el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur).
Participar en el ordeño
El Sr. Velásquez Catacora, dice: “Estamos atendiendo de miércoles a domingo, el boleto para el ingreso cuesta 15 soles, y los visitantes pueden participar en el ordeño de las vacas, darlas de comer, lo mismo que admirar vaquillonas y terneras que han ganado numerosos premios en las ferias; alimentar a los ovinos, caprinos, aves, cuyes y conejos; degustar los derivados lácteos; realizar caminatas; observar estampas de danzas; admirar las evoluciones de los caballos de paso peruano; y, disfrutar de los atractivos que existen en el establo”.
Disfrute de la gastronomía
En “Los Pinos” las familias pueden almorzar los más exquisitos platos de la comida tacneña (picante a la tacneña, adobo, choclo con queso, cordero al palo, chicharrón con maíz cancha, cuy frito, patasca, pastel de choclo, picante de camarones) y, para cerrar con broche de oro, un cóctel de leche. La producción diaria de leche fresca en “Los Pinos” asciende a 600 litros.
“Una parte de esa producción —dice Velásquez Catacora— la vendo a los porongueros fabricantes de quesos artesanales y, el resto, lo destino a la producción de quesos, yogurt y manjar blanco”, manifiesta convencido que en esa actividad, que oficialmente se inició el 12 de junio, le irá muy bien.

Según señala la Organización Mundial de Turismo (OMT), esta actividad es, sinónimo de turismo rural y se puede definir como aquel tipo de turismo centralizado en entornos no urbanos que utilizan y aprovechan las instalaciones y recursos del mundo rural como, por ejemplo, granjas, explotaciones forestales, packing house, crianza de animales menores, cultivos ecológicos, zonas de pesca, centros frutícolas, de manera que los productores no estén esperanzados a las ayudas de los gobiernos que casi nunca llegan.
Visitas didácticas
La OMT sugiere las actividades típicas del turismo rural:
- Visitas didácticas agranjasde animales.
- Talleres para aprender a crear huertos ecológicos.
- Rutas gastronómicas por restaurantes donde ofrezcan productos frescos, recién salidos de la chacra, las granjas y piscigranjas.
- Actividades de meditación guiada en la naturaleza.
- Deportes al aire libre.
- Participación en las actividades propias del campo, como barbecho, cosecha de frutas, ordeño de animales, esquila, apiarios, etc, etc.
Si los visitantes están dispuestos a realizarlo con sus propias manos se llevarán una experiencia única. En el país existen miles de fundos donde se puede demostrar que para vivir sano no hace falta tener grandes cosas materiales sino únicamente un terreno para las crianzas y sembrar productos de consumo orgánicos, sin ningún tipo de químicos, aprovechando los desechos de las cosechas y el abono derivado de los animales.
No es difícil, háganlo, y si no pueden busquen la ayuda de las Direcciones Regionales de Comercio y Turismo.
